gustar y enorgullecerse de los vicios varoniles y piensa que es una vergüenza estar por más tiempo bajo el control y la guía de otro, ¿qué se puede esperar incluso del gobernador más cuidadoso y prudente, cuando ni él tiene el poder de obligar ni su pupilo la disposición a dejarse persuadir; sino que, por el contrario, tiene el consejo de la sangre caliente y la moda imperante para prestar oído a las tentaciones de sus compañeros, tan sensatos como él, antes que a las persuasiones de su tutor, a quien ahora se mira como a un enemigo de su libertad? ¿Y cuándo es más probable que un hombre fracase, sino cuando al mismo tiempo es inexperto e indisciplinado? Esta es la estación de toda su vida que más requiere la mirada y la autoridad de sus padres y amigos para regirla. La flexibilidad de la primera parte de la edad del hombre, que aún no ha crecido hasta volverse terco, la hace más manejable y segura; y en la parte posterior, la razón y la previsión empiezan un poco a ocupar su lugar y a recordar al hombre su seguridad y su mejora. El tiempo, por tanto, que consideraría más adecuado para que un joven caballero sea enviado al extranjero, sería, o bien cuando es más joven, bajo un tutor de quien pueda sacar provecho; o bien cuando es unos años mayor, sin un gobernador; cuando tiene edad para gobernarse a sí mismo y hacer observaciones de lo que encuentra en otros países digno de su atención, y que pueda serle útil después de su regreso; y cuando también, estando plenamente familiarizado con las leyes y modas, las ventajas y defectos naturales y morales de su propio país, tiene algo que intercambiar con aquellos en el extranjero de cuya conversación espera cosechar
§213. [El querer].
§214. La manera en que por lo demás se emprende el viaje es lo que, según imagino, hace que tantos jóvenes regresen tan poco mejorados por él. Y si traen a casa algún conocimiento de los lugares y las gentes que han