Y quien juzgue basándose en esto, estará poco dispuesto a pensar que el acostumbrarle a discursos estudiados y composiciones preparadas sea el modo de preparar a un joven caballero para los negocios.
§173. Pero tal vez se nos dirá que es para mejorar y perfeccionarlos en la lengua latina. Es verdad que esa es su ocupación propia en la escuela; pero la composición de temas no es el camino para lograrlo: eso confunde sus cerebros acerca de la invención de cosas que decir, no acerca del significado de las palabras que deben aprender; y cuando están componiendo un tema, son pensamientos lo que buscan y por lo que sudan, no el lenguaje. Mas, siendo el aprendizaje y el dominio de una lengua bastante incosteable y desagradable en sí mismos, no deberían entorpecerse con ninguna otra dificultad, como se hace en esta forma de proceder.
En fin, si la invención de los muchachos ha de ser avivada por tal ejercicio, que compongan temas en inglés, idioma en el que tienen facilidad y dominio de las palabras, y en el que verán mejor qué clase de pensamientos tienen al expresarlos en su propia lengua. Y si la lengua latina ha de ser aprendida, que se haga del modo más fácil, sin fatigar ni disgustar la mente con una ocupación tan incosteable como la de componer discursos unidos a ella.
§174. Si puede haber algunas razones en contra de que los niños hagan composiciones latinas en la escuela, tengo mucho más que decir, y de mayor peso, en contra de que hagan versos; versos de cualquier clase: pues si no tiene talento para la poesía, es lo más irrazonable del mundo atormentar a un niño y perder su tiempo en algo que jamás podrá tener éxito; y si tiene vena poética, me parece la cosa más extraña del mundo que el padre desee o permita que se fomente o perfeccione. Me parece que los padres deberían esforzarse por sofocarla y reprimirla tanto como sea posible; y no sé qué razón puede tener un padre para