y ofrecían banquetes, aun así no los comenzaban sino hasta la tarde. Y más de una comida principal al día se consideraba algo tan monstruoso, que era motivo de reproche, incluso en tiempos de César, ofrecer un banquete o sentarse a una mesa abundante antes de la caída del sol; y por lo tanto, si no se considera demasiado severo, juzgaría de lo más conveniente que mi joven amo no desayunara más que pan también. No os podéis imaginar la fuerza que tiene la costumbre; y yo atribuyo una gran parte de nuestras enfermedades en Inglaterra a que comemos demasiada carne y muy poco pan.
§15. En cuanto a sus comidas, creería conveniente que, en la medida de lo posible, no se mantengan siempre a la misma hora: pues cuando la costumbre ha fijado su alimentación en ciertos periodos establecidos, su estómago esperará la comida a la hora habitual y se pondrá quisquilloso si la pasa de largo, ya sea irritándose hasta llegar a un exceso molesto, o decayendo en una completa falta de apetito.
Por tanto, quisiera que no se mantuviera una hora fija para su desayuno, comida y cena, sino que más bien variara casi todos los días. Y si entre estas, a las que llamo comidas, quiere comer, densele, tan a menudo como las pida, buen pan seco.
Si alguien piensa que esto es demasiado duro y una dieta escasa para un niño, hágasele saber que un niño nunca morirá de hambre ni se debilitará por falta de alimento, el cual, además de carne en la comida, y papilla, o alguna otra cosa por el estilo en la cena, pueda tener buen pan y cerveza tan a menudo como tenga apetito. Pues así, pensándolo mejor, juzgaría yo que debe ordenarse a los niños. La mañana se destina por lo general al estudio, para el cual un estomago lleno es un mal preparado. > El pan seco, aunque es el mejor alimento, es el que