cuando es larga en palabras de más de dos sílabas (lo cual es suficiente para regular su pronunciación y la acentuación de las palabras), leer diariamente en los Evangelios, y luego dejar que evite entenderlos en latín si puede. Y cuando ella entienda a los Evangelistas en latín, que lea, de la misma manera, las Fábulas de Esopo, y así prosiga con Eutropio, Justino y otros libros semejantes. No menciono esto como la fantasía de algo que imagino que puede funcionar, sino como algo que he visto hacer, y el idioma latín adquirido con facilidad de este modo.
Pero, para volver a lo que estaba diciendo: quien asume la responsabilidad de educar a jóvenes, especialmente a jóvenes caballeros, debe tener algo más en él que latín, más que incluso un conocimiento de las ciencias liberales: debe ser una persona de eminente virtud y prudencia, y con buen juicio, tener buen humor y la habilidad de comportarse con gravedad, soltura y amabilidad, en una constante conversación con sus alumnos.
Pero de esto he hablado extensamente en otro lugar.
§178. Al mismo tiempo que aprende francés y latín, a un niño, como se ha dicho, se le puede iniciar también en Aritmética, Geografía, Cronología, Historia y también en Geometría. Pues si se le enseñan en francés o latín, una vez que empiece a comprender cualquiera de estas lenguas, adquirirá un conocimiento de estas ciencias y el idioma de propina.
La geografía creo que debería ser por donde se empiece: pues como el aprendizaje de la figura del globo, la situación y los límites de las cuatro partes del mundo, y los de particulares reinos y países, son meramente un ejercicio de los ojos y de la memoria, un niño los aprenderá y retendrá con placer.