§182. Con la geografía debe ir de la mano la cronología. Me refiero a la parte general de esta última, para que él pueda tener presente una visión de todo el curso del tiempo y de las diversas épocas considerables que se emplean en la historia.
Sin estas dos, la historia, que es la gran maestra de la prudencia y del conocimiento civil, y debe ser el estudio propio de un caballero o de un hombre de negocios en el mundo; sin la geografía y la cronología, digo, la historia se retendrá muy mal y será de muy poca utilidad; pues no será más que un revoltijo de hechos amontonados confusamente y sin orden ni instrucción.
Es mediante estas dos como las acciones de la humanidad se ordenan en sus lugares correspondientes de tiempo y país; bajo cuyas circunstancias no solo se retienen mucho más fácilmente en la memoria, sino que, en ese orden natural, son las únicas capaces de proporcionar aquellas observaciones que hacen a un hombre mejor y más apto gracias a su lectura.
§183. Cuando hablo de la cronología como de una ciencia en la que debe ser perfecto, no me refiero a las pequeñas controversias que hay en ella. Estas son interminables, y la mayoría de tan poca importancia para un caballero que no merecen ser investigadas, aun si fueran susceptibles de una fácil decisión. Y, por tanto, todo ese ruido erudito y el polvo del cronologista deben evitarse por completo. El libro más útil que he visto en esa parte del saber es un pequeño tratado de Strauchius, que está impreso en dozavo, bajo el título de Breviarium Chronologicum, del cual puede seleccionarse todo lo necesario para enseñar a un joven caballero acerca de la cronología; pues el que aprende no necesita verse agobiado con todo lo que contiene ese tratado. En él se encuentran las épocas más notables o útiles reducidas todas a la del Periodo Juliano, que es el método más fácil, sencillo y seguro de los que pueden utilizarse en la cronología. A este tratado de Strauchius se pueden añadir las tablas de Helvicus, como un libro al que recurrir en todas las ocasiones.