la buena educación, la cual no tiene otro uso ni fin que hacer que las personas se sientan cómodas y satisfechas en su trato con nosotros. Este es un defecto en el que pocos jóvenes son propensos a caer; pero aun así, si alguna vez incurren en él, o se sospecha que se inclinan hacia ahí, se les debe advertir y alertar sobre esta cortesía equivocada. Lo que deben procurar y buscar en la conversación es mostrar respeto, estima y buena voluntad, rindiendo a cada cual la cortesía y la consideración comunes que por educación se le deben. Hacer esto sin la sospecha de adulación, disimulo o bajeza es una gran habilidad que solo el buen juicio, la razón y la buena compañía pueden enseñar; pero es de tanta utilidad en la vida civil que bien vale la pena
§145. Aunque el manejarnos bien en esta parte de nuestra conducta lleva el nombre de buena educación, como si fuera peculiarmente el efecto de la crianza; sin embargo, como he dicho, los niños pequeños no deben ser muy importunados al respecto; quiero decir, acerca de quitarse el sombrero y hacer reverencias con donaire. Enséñales la humildad y a ser bondadosos, si puedes, y esta clase de modales no faltará; pues la cortesía en verdad no es otra cosa que el cuidado de no mostrar desdén ni desprecio hacia nadie en la conversación. Cuales sean las maneras más aceptadas y estimadas de expresar esto, lo hemos observado más arriba. Es tan peculiar y diferente en los diversos países del mundo como sus idiomas; y por lo tanto, si se considera debidamente, las reglas y los discursos dados a los niños al respecto son tan inútiles e impertinentes como lo sería dar de vez en cuando una regla o dos de la lengua española a alguien que solo se relaciona con ingleses. OCúpate tanto como quieras con discursos de cortesía hacia tu hijo; tal sea su compañía, tales serán sus