y los asuntos. Otras bondades, sin esto, dejan aún algunas dudas; pero cuando vuestro hijo os ve abrir vuestra mente ante él, cuando descubre que lo hacéis partícipe de vuestros asuntos, como cosas que estáis dispuesto a que a su vez pasen a sus manos, él se interesará por ellas como por las suyas propias, esperará su momento con paciencia y os amará mientras tanto, a vos que no lo mantenéis a la distancia de un extraño. Esto le hará ver también que el disfrute que tenéis no carece de desvelo; cuanto más consciente sea de esto, menos os envidiará la posesión y más se considerará dichoso bajo la tutela de un amigo tan favorable y un padre tan cuidadoso.
Apenas hay un joven de tan escaso pensamiento, o tan carente de juicio, que no se alegraría de tener un amigo seguro al cual recurrir y con quien consultar libremente en caso necesario. La reserva y la distancia que los padres guardan a menudo