caro de lo habitual, no puede considerarse excesivo. Quien a cualquier precio procura a su hijo una buena mente, bien principiada, templada para la virtud y la utilidad, y adornada con urbanidad y buenos modales, hace una mejor adquisición para él que si invirtiera el dinero en añadir más tierra a sus antiguas hectáreas. * Ahorrad en juguetes y diversiones, en seda y cintas, encajes y otros gastos inútiles, tanto como queráis; pero no escatiméis en una parte tan necesaria como esta. No es buena administración enriquecer su fortuna y empobrecer su
He observado a menudo con gran admiración que la gente derrocha profusamente en ataviar a sus hijos con ropas finas, en darles alojamiento y comida suntuosos, permitiéndoles más que de sobra sirvientes inútiles, y sin embargo, al mismo tiempo, matan de hambre sus mentes y no ponen el cuidado suficiente para cubrir aquello que es la desnudez más vergonzosa, a saber, sus inclinaciones naturales erróneas y su ignorancia.
Esto no puedo considerarlo sino como un sacrificio a su propia vanidad, pues muestra más su orgullo que un verdadero cuidado por el bien de sus hijos; cualquier cosa que empleéis en beneficio de la mente de vuestro hijo mostrará vuestra verdadera bondad, aun cuando sea en detrimento de su hacienda.
Difícilmente le faltarán a un hombre sabio y bueno ni la opinión ni la realidad de ser grande y feliz; mas el que es necio o vicioso no puede ser ni grande ni feliz, cualquiera que sea el patrimonio que le dejéis: y os pregunto si no hay en el mundo hombres con quienes preferiríais que vuestro hijo estuviera con quinientas libras al año, antes que con otros que conocéis y que tienen cinco mil libras.
§91. La consideración de la retribución no debe, por tanto, disuadir a quienes pueden permitírsela. La gran dificultad estará en hallar a una persona adecuada; pues los de corta edad, talento y virtud no son aptos para este empleo, y a