- Dales primero una idea simple, y asegúrate de que la captan correctamente y la comprenden a la perfección antes de avanzar más, y luego añade alguna otra idea simple que se cruce en tu camino hacia lo que te propones; y procediendo así mediante pasos suaves e imperceptibles, a los niños se les abrirá el entendimiento y se les ampliarán los pensamientos, sin confusión ni desconcierto, más allá de lo que cabría esperar. Y cuando alguien ha aprendido algo por sí mismo, no hay mejor manera de fijarlo en su memoria, y de animarle a seguir adelante, que ponerle a enseñárselo a
§181. Cuando haya adquirido tal familiaridad con los globos terráqueos como la que se ha mencionado, podrá ser puesto a prueba en un poco de geometría; en la cual considero que los primeros seis libros de Euclides son suficientes para enseñarle. Pues tengo ciertas dudas de que más le sea necesario o útil a un hombre de negocios. Al menos, si tiene talento e inclinación hacia ella, una vez introducido hasta ese punto por su tutor, podrá continuar por sí mismo sin un maestro.
Por consiguiente, es preciso estudiar los globos, y ello con diligencia; y creo que puede empezarse a temprana edad, si el tutor es tan cuidadoso como para distinguir de qué es capaz de saber el niño y de qué no; para lo cual puede servir esta regla que tal vez sea de bastante utilidad, a saber: que a los niños se les puede enseñar cualquier cosa que caiga bajo sus sentidos, especialmente la vista, siempre que solo se ejerza su memoria; y así un niño muy pequeño puede aprender cuál es el ecuador, cuál el meridiano, etc., cuál es Europa y cuál es Inglaterra en los globos, casi tan pronto como conoce las habitaciones de la casa en que vive, si se tiene el cuidado de no enseñarle demasiado de una vez, ni ponerle con una parte nueva hasta que la que esté estudiando haya sido perfectamente aprendida y fijada en su memoria.