opinión, debería hacerse tan fácil y placentero como sea posible; y aquello que en él hubiere de penoso, en la medida de lo posible, eliminado por completo. Lo que quiero decir, y de lo que aquí me quejo, es de que tengan que aprenderse de memoria grandes fragmentos de los autores que se les enseñan; en lo cual no logro descubrir ventaja alguna, especialmente para el asunto que traen entre manos. Las lenguas han de aprenderse únicamente leyendo y hablando, y no mediante trozos de autores memorizados; los cuales, cuando uno tiene la cabeza llena de ellos, constituyen el menaje exacto de un pedante, y es el camino más directo para convertirse en uno; y no hay nada que desentone menos con un caballero. Pues ¿qué puede haber más ridículo que mezclar los ricos y hermosos pensamientos y dichos ajenos con una gran cantidad de baratijas de cosecha propia?, lo cual queda así más expuesto, y no posee otra gracia ni recomendará al hablante de otro modo que lo haría un sayal pardo y raído, adornado con grandes remaches de escarlata y brocado brillante. Ciertamente, cuando sale al paso un pasaje cuya materia es digna de ser recordada, y su expresión muy concisa y excelente (como hay muchos de estos en los autores antiguos), puede no estar de más alojarlo en la mente de los jóvenes eruditos y, con tales admirables trazos de aquellos grandes maestros, ejercitar a veces la memoria de los escolares. Pero que aprendan sus lecciones de memoria, tal como van cayendo en sus libros, sin elección ni distinción, no sé para qué sirve, sino para malgastar su tiempo y su esfuerzo, y provocarles desagrado y aversión hacia sus libros, en los cuales no hallan más que un inútil fastidio.
§176. Oigo decir que se debe emplear a los niños en aprender cosas de memoria para ejercitar y mejorar sus facultades mnemotécnicas. Ojalá esto se dijera