otro que argumentara sobre un punto discutible sin entender nada de nuestras leyes? ¿Y qué entienden, os lo ruego, los escolares acerca de aquellos asuntos que se les suelen proponer en sus temas como materias sobre las cuales disertar, para afilar y ejercitar su imaginación?
§172. En segundo lugar, considerad la lengua en que están hechos sus temas: es el latín, una lengua extranjera en su país, y muerta desde hace mucho en todas partes; una lengua en la que, hay mil posibilidades contra una, vuestra hijo no tendrá jamás la ocasión de pronunciar un solo discurso en todo el resto de su vida de adulto; y una lengua cuyo modo de expresarse difiere tanto del nuestro, que perfeccionarse en ella mejorará muy poco la pureza y la fluidez de su estilo en inglés. Además de que hay ahora tan poco margen o uso para los discursos preparados en nuestra propia lengua en cualquier ámbito de nuestros asuntos ingleses, que no veo ningún pretexto para este tipo de ejercicio en nuestras escuelas, a menos que pueda suponerse que el componer discursos latinos preparados sea el modo de enseñar a los hombres a hablar bien en inglés de forma improvisada. El camino hacia esto, más bien creo que debiera ser el siguiente: que se propongan a los jóvenes caballeros cuestiones racionales y útiles, adecuadas a su edad y capacidad, y sobre temas que no les sean totalmente desconocidos ni ajenos; sobre asuntos como estos, cuando estén maduros para ejercicios de esta naturaleza, deberían hablar —ya sea improvisando o tras una breve meditación sobre la marcha— sin poner nada por escrito; pues pregunto, si examinamos los efectos de este modo de aprender a hablar bien, ¿quiénes hablan mejor en cualquier asunto cuando la ocasión los convoca a ello en cualquier debate?, ¿aquellos que se han habituado a componer y poner por escrito de antemano lo que van a decir, o aquellos que, pensando únicamente en el fondo para comprenderlo lo mejor posible, se acostumbran tan solo a hablar de forma improvisada?