enfermedad. Ahí, supuse, radicaba la explicación.
Se despidió de mala gana, como si tuviera más que decir y no supiera cómo decirlo.
Antes de marchar, acordé con él que oficiaría el servicio de la Unión de Madres, seguido por la reunión de Visitantes de Distrito.
Yo tenía varios proyectos propios para la tarde.
Descartando a Hawes y sus problemas de mi mente, partí hacia la casa de la señora Lestrange.
En la mesa del recibidor estaban el Guardian y el Church Times sin abrir.
Mientras caminaba, recordé que la señora Lestrange había tenido una entrevista con el coronel Protheroe la noche anterior a su muerte. Era posible que en aquella entrevista hubiera ocurrido algo que arrojara luz sobre el problema de su asesinato.