Me tocó a mí mirar fijamente.
—Pero puesto que él ha confesado—
“Sí, pero eso precisamente lo demuestra, ¿no? Me refiero a que él no tuvo nada que ver”.
“No”, dije. “Quizás sea tonto, pero no veo que tenga sentido. Si no has cometido un asesinato, no le veo el objeto a fingir que lo has hecho”.
—¡Oh! por supuesto, hay un motivo —dijo Miss Marple—. Naturalmente. Siempre hay un motivo, ¿verdad? Y los jóvenes son muy impetuosos y a menudo propensos a creer lo peor.
Se volvió hacia Griselda.
—¿No estás de acuerdo conmigo, querida?
—No... no lo sé —dijo Griselda—. Es difícil saber qué pensar, no le veo ninguna razón a que Lawrence se comporte como un perfecto idiota.
—Si hubieras visto su cara anoche... —empecé.
—Cuénteme —dijo Miss Marple.
Le describí mi regreso a casa mientras ella escuchaba atentamente.
Cuando hube terminado, ella dijo:
«Sé que muy a menudo soy bastante tonta y no capto las cosas como debiera, pero de verdad que no le veo la gracia a lo que dice. Me parece que si un joven se hubiera propuesto la gran maldad de quitarle la vida a un semejante, no parecería turbado por ello después. Sería un acto premeditado y a sangre fría y, aunque el asesino pudiera estar un poco nervioso y posiblemente cometer algún pequeño error, no