natural. Y ahí, en realidad, cometieron un error. Porque si de verdad se hubieran despedidos el uno del otro, tal como fingían, habrían tenido un aspecto muy diferente. Pero ya ve, ese fue su punto débil. Sencillamente no se atreven a parecer alterados de ningún modo. Durante los diez minutos siguientes se cuidan muy mucho de procurarse lo que se llama una coartada, creo. Por último, el señor Redding va a la vicaría, apurando el tiempo todo lo que se atreve. Probablemente la vio a usted en el sendero desde lejos y pudo calcular bien los horarios. Coge la pistola y el silenciador, deja la carta falsificada con la hora escrita en una tinta distinta y, Aparentemente, con otra letra. Cuando se descubra la falsificación, parecerá un torpe intento de incriminar a Anne Protheroe.
“Pero cuando deja la carta, encuentra la que realmente escribió el coronel Protheroe—algo completamente inesperado. Y siendo un joven muy inteligente, y viendo que esta carta puede serle muy útil, se la lleva con él. Adelanta las manecillas del reloj a la misma hora que la carta—sabiendo que este siempre se adelanta un cuarto de hora. La misma idea—intentar echar la culpa a la señora Protheroe. Luego se marcha, se encuentra con usted fuera de la verja y hace el papel de alguien casi desquiciado. Como digo, es realmente de lo más inteligente. ¿Qué intentaría hacer un asecino que hubiera cometido un crimen? Comportarse con naturalidad, por supuesto. Así que eso es exactamente lo que no hace el señor Redding. Se deshace del silenciador, pero se planta en la comisaría con la pistola y hace una autoacusación absolutamente ridícula que engaña a todo el mundo”.
Había algo fascinante en el resumen del caso que hizo Miss Marple. Había hablado con tal seguridad que ambos sentimos que el crimen solo podía haberse cometido de ese modo y de ningún otro.
—¿Y qué hay del disparo que se oyó en el bosque? —pregunté—. ¿Fue esa la coincidencia a la que se refería antes esta noche?
“¡Oh, Dios mío, no!” La señorita Marple negó con la cabeza enérgicamente. “Eso no fue una coincidencia; ni mucho menos. Era