de la puerta.
Volví a notar lo preocupado y demacrado que parecía. Este asunto parecía haberlo envejecido hasta hacerlo casi irreconocible.
—Me alegra verte —dijo—. ¿Qué hay de nuevo?
Le conté la última novedad sobre Stone.
—Un ladrón de alta alcurnia —comentó—. Bueno, eso explica muchas cosas. Había estudiado bien el tema, pero de vez en qué cuando se le escapaban detalles conmigo. Protheroe debió de pillarlo alguna vez. Ya te acuerdas de la discusión que tuvieron. ¿Qué opinas de la chica? ¿Está metida en el asunto también?
—Las opiniones al respecto están divididas —dije—. Por mi parte, creo que la chica está bien.
—Es una completa imbécil —añadí.
—¡Oh! Yo no diría eso. Es bastante astula, la señorita Gladys Cram. Un espécimen notablemente sano. No es probable que moleste a los miembros de mi profesión.
Le dije que me preocupaba Hawes, y que deseaba ardientemente que se fuera a tomar un verdadero descanso y un cambio de aire.
Algo evasivo se instaló en su actitud cuando dije esto.
Su respuesta no sonó del todo sincera.
—Sí —dijo lentamente—. Supongo que eso sería lo mejor. Pobre muchacho. Pobre muchacho.
—Pensé que no te caía bien.