—El asesinato es muy grosero —dijo—, no me interesa.
Esa afirmación no me engañó ni un solo momento. Dicen que a todo el mundo le encantan los enamorados; aplíquese ese refrán al asesinato y se obtendrá una verdad aún más infalible. A nadie puede dejar de interesarle un asesinato. La gente sencilla como Griselda y yo podemos admitir el hecho, pero alguien como Raymond West tiene que fingir que se aburre, al menos durante los primeros cinco minutos.
Miss Marple, sin embargo, delató a su sobrino al comentar:
“Raymond y yo no hemos estado hablando de otra cosa en toda la cena”.
—Me interesa mucho toda la noticia local —dijo Raymond apresuradamente. Le sonrió aMiss Marple