Nos sentamos a cenar frío, ya que Mary había salido.
—Hay una nota para ti en el vestíbulo —dijo Griselda—. ¿La coges, Dennis?
Dennis, que había estado muy callado, obedeció.
Lo tomé y gemí. En la esquina superior izquierda estaba escrito: En mano—Urgente.
—Esto —dije—, debe de ser de la señorita Marple. No queda nadie más.
Había estado en lo cierto en mi suposición.
“Estimado Sr. Clement: me gustaría muchísimo charlar un ratito con usted sobre una o dos cosas que se me han ocurrido. Siento que todos debemos intentar ayudar a esclarecer este triste misterio. Iré sobre las nueve y media, si le parece bien, y daré unos golpecitos en la ventana de su estudio. Quizá la querida Griselda