absolutamente necesario que se oyera un disparo; de lo contrario, las sospechas sobre la señora Protheroe habrían continuado. Cómo lo arregló el señor Redding, no lo sé del todo. Pero tengo entendido que el ácido pícrico explota si le dejas caer un peso encima, y usted recordará, querido vicario, que se encontró al señor justamente cargando una gran piedra en la zona del bosque donde recogió usted ese cristal más tarde. Los caballeros son tan listos para arreglar estas cosas... la piedra suspendida sobre los cristales y luego una mecha de tiempo... ¿o quiero decir una mecha lenta? Algo que tardara unos veinte minutos en consumirse, de modo que la explosión ocurriera hacia las 6:30, cuando él y la señora Protheroe habían salido del estudio y estaban a la vista de todos. Un ardid muy seguro porque, ¿qué habría que encontrar después?, ¡solo una gran piedra! Pero incluso esa intentó quitarla, cuando usted lo sorprendió”.
«Creo que tienes razón», exclamé, recordadando el sobresaltó que