visita. No es que jamás me lo agradezcan.
—Le estabas contando al inspector acerca de tu visita a la señora Lestrange —le recordé.
“Exacto—y a propósito, ni siquiera me dio las gracias. Dijo que pediría información cuando la necesitara—no exactamente con esas palabras, pero ese era el espíritu. Hoy en día hay otra clase de hombres en la policía”.
—Muy probablemente —dije—. ¿Pero ibas a decir algo más?
—Decidí que esta vez no me acercaría a ningún maldito inspector. Después de todo, un clérigo es un caballero; al menos algunos lo son —añadió.
Deduje que la salvedad estaba destinada a incluirme.
—Si puedo ayudarla de alguna manera —empecé.
—Es una cuestión de deber —dijo la señorita