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nydus/The Murder at the VicaragePublic
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XVII

Reflexioné un momento para dejar que los argumentos del inspector penetraran en mi cerebro. Me parecieron lógicos e inevitables.

—¿Había alguna huella digital en el auricular de la cabaña del señor Redding? —pregunté.

—No los había —dijo el inspector con amargura—. Esa maldita vieja que le hace la limpieza había estado allí y les había pasado el plumerito ayer por la mañana.

Reflexionó con furia durante unos minutos.

—De todos modos, es una vieja estúpida y tonta. No recuerda cuándo vio la pistola por última vez. Podría haber estado allí la mañana del crimen, o podría no haber estado. «Ella no podría decirlo, por lo que más quiera». ¡Son todas iguales!

—Solo por pura formalidad, fui a ver al doctor Stone —continuó—. Debo decir que fue de lo más amable al respecto. Él y la señorita Cram fueron a ese túmulo —o báculo—, o como quieran llamarlo, sobre las dos y media de ayer, y se quedaron allí toda la tarde. El doctor Stone regresó solo y ella vino más tarde. Dice que no oyó ningún disparo, pero admite que es despistado. Sin embargo, todo corrobora lo que pensamos.

—Solo que —dije—, no han atrapado al asesino.

—Mjum —dijo el inspector—. Fue la voz de una mujer la que oyó por teléfono. Con toda probabilidad fue la voz de una mujer la que oyó la señora Price Ridley. Si tan solo ese disparo no se hubiera producido inmediatamente después de terminar la llamada telefónica, bueno, sabría dónde buscar.

¿Dónde?

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