de jabalí. Coronado con pesadas flores de loto habías estado sentado en la proa de la barca de Adriano, mirando a través del Nilo verde y turbio. Te habías asomado al estanque quieto de algún bosque griego y habías visto en la plata silenciosa del agua la maravilla de tu propio rostro. Y todo había sido como el arte debe ser: inconsciente, ideal y remoto. Un día, un día fatal a veces pienso, determiné pintar un retrato maravilloso tuyo tal como eres en realidad, no con el traje de edades muertas, sino con tu propia ropa y en tu propio tiempo. Si fue el realismo del método, o la mera maravilla de tu propia personalidad, así presentada directamente a mí sin bruma ni velo, no sabría decirlo. Pero sé que mientras trabajaba en él, cada escama y película de color me pareció revelar mi secreto. Me entró miedo de que otros se enteraran de mi idolatría. Sentí, Dorian, que había contado demasiado, que había puesto demasiado de mí mismo en él. Fue entonces cuando resolví no permitir nunca que el cuadro fuera exhibido. Te pusiste un poco molesto; pero claro, no te dabas cuenta de todo lo que eso significaba para mí. Harry, con quien hablé del asunto, se rio de mí. Pero eso no me importó. Cuando el cuadro estuvo terminado, y me sentí a solas con él, sentí que tenía razón. …
Bien, al cabo de unos días el cuadro salió de mi estudio, y tan pronto como hube eliminado la intolerable fascinación de su presencia, me pareció que había sido una necedad imaginar que había visto en él algo más que el hecho de que eres extremadamente apuesto y de que yo sabía pintar. Aun ahora no puedo evitar la sensación de que es un error pensar que la pasión que uno siente en la creación se refleja jamás de verdad en la obra que crea. El arte es siempre más abstracto de lo que imaginamos. La forma y el color nos hablan de forma y color, eso es todo. A menudo me parece que el arte oculta al artista mucho más completamente de lo que jamás lo revela.