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nydus/The Picture of Dorian GrayPublic
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II. Dorian Gray

Con un sollozo ahogado el muchacho saltó del diván y, precipitándose hacia Hallward, le arrancó el cuchillo de la mano y lo arrojó al fondo del estudio. —¡No, Basil, no! —gritó—. ¡Sería un asesinato!

—Me alegra que por fin sepas apreciar mi obra, Dorian —dijo el pintor con frialdad, una vez que se hubo recuperado de su sorpresa—. Jamás creí que lo harías.

—¿Apreciarlo? Estoy enamorado de él, Basil. Es parte de mí mismo. Lo siento así.

—Bueno, tan pronto como estés seco, te barnizarán, te enmarcarán y te mandarán a casa. Entonces podrás hacer contigo lo que quieras.

Y cruzó la habitación y tocó el timbre para pedir el té.

—¿Tomarás té, por supuesto, Dorian? ¿Y tú también, Harry? ¿O te opones a placeres tan sencillos?

—Adoro los placeres simples —dijo Lord Henry—. Son el último refugio de los complejos. Pero no me gustan las escenas, excepto en el escenario. ¡Qué tipos más absurdos son ustedes dos! Me pregunto quién fue el que definió al hombre como un animal racional. Ha sido la definición más prematura que se ha dado jamás. El hombre es muchas cosas, pero no es racional. Me alegro de que no lo sea, después de todo; aunque desearía que ustedes, muchachos, no discutieran por el cuadro. Harían mucho mejor en dejármelo a mí, Basil. Este tonto muchacho en realidad no lo quiere, y yo realmente sí.

—¡Si se lo das a cualquier otro que no sea yo, Basil, jamás te perdonaré! —exclamó Dorian Gray—; y no permito que me llamen muchacho tonto.

—Sabes que el cuadro es tuyo, Dorian. Te lo regalé antes de que existiera.

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