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nydus/The Picture of Dorian GrayPublic
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XVI

it. The only pity was one had to pay so often for a single fault. One had to pay over and over again, indeed. In her dealings with man, destiny never closed her

Hay momentos, nos dicen los psicólogos, en que la pasión por el pecado, o por lo que el mundo llama pecado, domina de tal modo una naturaleza que cada fibra del cuerpo, como cada célula del cerebro, parece estar impregnada de impulsos temibles.

Hombres y mujeres pierden en tales momentos la libertad de su voluntad. Avanzan hacia su terrible fin como autómatas. Se les arrebata la elección y la conciencia o bien muere, o bien, si llega a vivir, vive tan solo para conferir fascinación a la rebeldía y encanto a la desobediencia.

Pues todos los pecados, como los teólogos no se cansan de recordarnos, son pecados de desobediencia. Cuando aquel noble espíritu, aquella estrella de la mañana del mal, cayó del cielo, cayó en calidad de rebelde.

Indiferente, concentrado en el mal, con la mente manchada y el alma hambrienta de rebelión, Dorian Gray se apresuró, acelerando el paso a medida que avanzaba, pero al desviarse hacia un oscuro arco que a menudo le había servido de atajo hacia el lugar de mala fama al que se dirigía, se sintió agarrado de repente por la espalda y, antes de que tuviera tiempo de defenderse, fue empujado contra la pared, con una mano brutal alrededor de su garganta.

Luchó desesperadamente por su vida, y mediante un esfuerzo terrible arrancó los dedos que se cerraban con fuerza. En un segundo oyó el chasquido de un revólver, vio el brillo de un cañón pulido apuntando directamente a su cabeza, y la forma oscura de un hombre bajito y fornido frente a él.

—¿Qué quieres? —exclamó con dificultad.

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