—Ha vivido con los lobos —dijo un tercer indio.
—Así parece, Tres Águilas —respondió Castor Gris, poniendo la mano sobre el cachorro—; y esta es la prueba de ello.
El cachorro gruñó un poco ante el contacto de la mano, y la mano se apartó rauda para propinarle un golpe. Tras lo cual el cachorro ocultó los colmillos y se encogió sumisamente, mientras la mano, al regresar, le frotaba detrás de las orejas y de arriba abajo por el lomo.
—Esta es la señal de ello —prosiguió Castor Gris—. Es evidente que su madre es Kiche. Pero su padre fue un lobo. Por lo cual hay en él poco de perro y mucho de lobo. Sus colmillos son blancos, y Colmillo Blanco será su nombre. He hablado. Es mi perro. Pues, ¿no acaso Kiche era la perra de mi hermano? ¿Y no está mi hermano muerto?
El cachorro, que así había recibido un nombre en el mundo, yacía tendido y observaba. Durante un tiempo los animales-hombres continuaron haciendo ruidos con la boca.
Luego, Castor Gris sacó un cuchillo de una vaina que colgaba de su cuello, se metió en la espesura y cortó una rama. Colmillo Blanco lo observó. Hizo muescas en la rama en cada extremo y en las muescas ató tiras de piel sin curtir. Una tira la ató alrededor del cuello de Kiche. Después la condujo hasta un pequeño pino, alrededor del cual ató la otra tira.
Colmillo Blanco lo siguió y se tumbó a su lado. La mano de Lengua de Salmón se tendió hacia él y lo puso panza arriba. Kiche observaba con ansiedad. Colmillo Blanco sintió que el miedo volvía a apoderarse de él. No pudo reprimir del todo un gruñido, pero ni siquiera amagó con marchar los dientes. La mano, con los dedos curvados y separados, le frotaba la