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nydus/White FangPublic
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VI. La hambruna

Pero en el momento en que la risa se dirigía hacia él, estallaba en una furia terrible. Grave, digno, sombrío, una carcajada lo volvía frenético hasta el ridículo. Le indignaba y alteraba tanto que durante horas se comportaba como un demonio. Y ¡ay del perro que en tales momentos se cruzara en su camino! Conocía demasiado bien la ley como para desquitarse con Castor Gris; detrás de Castor Gris había un garrote y la divinidad. Pero detrás de los perros no había más que espacio, y a ese espacio salían volando cuando Colmillo Blanco entraba en escena, enloquecido por la risa.

En el tercer año de su vida sobrevino una gran hambruna a los indios mackenzie.

  • En verano faltaron los peces.
  • En invierno el caribú abandonó su ruta habitual.
  • Los alces escaseaban, los conejos casi desaparecieron y los animales de caza y presa perecieron.

Privados de su fuente habitual de alimento, debilitados por el hambre, cayeron los unos sobre los otros y se devoraron mutuamente. Solo los fuertes sobrevivieron.

Los dioses de Colmillo Blanco eran siempre animales cazadores. Los viejos y los débiles de entre ellos murieron de hambre. Hubo lamentos en la aldea, donde las mujeres y los niños se privaban de alimento para que lo poco que tenían fuera a parar a los vientres de los cazadores flacos y de ojos hundidos que recorrían el bosque en vano en busca de carne.

A tal extremo se vieron llevados los dioses que se comieron el cuero curtido de sus mocasines y manoplas, mientras que los perros se comieron los arneses de sus lomos y hasta los látigos. * Además, los perros se comieron unos a otros, y también los dioses se comieron a los

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