había que hacer, y lo hizo comiéndose la perdiz sin demora. Luego regresó y retomó su carga.
Cuando arrastró el resultado de su cacería del día hasta el fondo de la cueva, la loba lo inspeccionó, volvió el hocico hacia él y le lamió suavemente el cuello. Pero al instante siguiente le advirtió que se alejara de loscachorros con un gruñido menos áspero que de costumbre y más apologético que amenazante. Su miedo instintivo hacia el padre de su progenie se estaba atenuando. Él se comportaba como debía un lobo padre, y no manifestaba ningún deseo impío de devorar las jóvenes vidas que ella había traído al mundo.