CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/White FangPublic
Página 87 de 287
Table of Contents

IV. El Muro del Mundo

corrió por su boca. Su sabor era bueno. Esto era carne, igual que la que le daba su madre, solo que estaba viva entre sus dientes y por lo tanto era mejor. Así que se comió la perdiz nival. Y no paró hasta devorar a toda la nidada. Luego se lambió los belfos exactamente igual que hacía su madre y empezó a salir a gatas del arbusto.

Se encontró con un torbellino de plumas. Estaba confundido y deslumbrado por la ráfaga y el batir de alas furiosas. Escondió la cabeza entre las patas y dio un aullido. Los golpes aumentaron. La madre perdiz nival estaba furiosa.

Entonces se enfadó. Se levantó, gruñendo, lanzando manotazos. Hundió sus diminutos dientes en una de las alas y tiró de ella con fuerza y empeño. La perdiz luchó contra él, propinándole una lluvia de golpes con el ala libre.

Era su primera batalla. Estaba exultante. Se olvidó por completo de lo desconocido. Ya no le temía a nada. Estaba luchando, desgarrando a un ser vivo que lo atacaba. Además, ese ser vivo era carne. El instinto de matar se había apoderado de él. Acababa de destruir pequeños seres vivos. Ahora destruiría a un gran ser vivo.

Estaba demasiado ocupado y feliz como para saber que era feliz. Estaba estremecido y exultante de maneras nuevas y más grandes para él que cualquiera que hubiera conocido antes.

Se aferró al ala y gruñó entre los dientes apretados. La perdiz nival lo arrastró fuera del arbusto. Cuando ella giró e intentó arrastrarlo de vuelta al refugio del arbusto, él la tiró hacia afuera, hacia el espacio abierto. Y durante todo ese tiempo ella lanzaba gritos y golpeaba con su ala libre, mientras las plumas volaban como una nevada. El grado de excitación al que había llegado era tremendo. Toda la sangre guerrera de su casta había

87