Colmillo Blanco; pero en aquel entonces Lip-lip era el perro de otro, y Mit-sah nunca se había atrevido a hacer más que tirarle alguna que otra piedra de vez en cuando. ¡Pero ahora Lip-lip era su perro, y procedió a vengarse de él colocándolo al final de la cuerda más larga! ¡Esto convertía a Lip-lip en el líder, y aparentemente era un honor!, pero en realidad le quitaba todo honor, y en lugar de ser el matón y amo de la jauría, ahora se encontraba odiado y perseguido por la jauría.
Como él corría al extremo de la cuerda más larga, los perros siempre tenían ante sí la visión de él huyendo. Todo lo que veían de él era su tupida cola y sus patas traseras en fuga, una visión mucho menos feroz e intimidante que su crin erizada y sus colmillos relucientes. Asimismo, estando los perros constituidos de tal manera en su mente, la visión de él huyendo les daba el deseo de correr tras él y la sensación de que huía de ellos.
En el momento en que el trineo arrancó, la jauría se lanzó tras Lip-lip en una persecución que se prolongó durante todo el día. Al principio, este había tendido a volverse contra sus perseguidores, celoso de su dignidad y furioso; pero en tales momentos Mit-sah le arrojaba al rostro el zumbador latigazo de la fusta de tripa de caribú de treinta pies y lo obligaba a huir con el rabo entre las piernas y a seguir corriendo. Lip-lip podía hacer frente a la jauría, pero no podía hacer frente a aquel látigo, y lo único que le quedaba por hacer era mantener su cuerda tensa y sus flancos a salvo de los dientes de sus compañeros.
Pero en los recovecos de la mente indígena se agazapaba una astucia aún mayor. Para avivar la persecución implacable del líder, Mit-sah lo favorecía por encima de los demás perros. Estos favores despertaban en ellos celos y odio. En presencia de ellos, Mit-sah le daba carne y se la daba únicamente a él. Esto los volvía locos.