CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/White FangPublic
Página 279 de 287
Table of Contents

El lobo durmiente

El juez Scott no lo sabía todo, y no sabía que era cómplice de una policía conspirativa, que las pruebas habían sido fraguadas y eran falsas, que Jim Hall era inocente del delito del que se le acusaba. Y Jim Hall, por su parte, no sabía que el juez Scott era simplemente un ignorante. Jim Hall creía que el juez lo sabía todo al respecto y que estaba en connivencia con la policía en la perpetración de aquella monstruosa injusticia.

Así fue como, cuando el juez Scott dictó la condena a cincuenta años de muerte en vida, Jim Hall, odiando a todas las cosas de la sociedad que lo maltrataba, se levantó y montó en cólera en la sala del tribunal hasta que media docena de sus enemigos de casaca azul lo derribaron. Para él, el juez Scott era la clave de bóveda en el arco de la injusticia, y sobre el juez Scott vació las copas de su ira y lanzó las amenazas de su venganza venidera.

Entonces Jim Hall se fue a su muerte en vida… y escapó.

De todo esto colmillo Blanco no sabía nada. Pero entre él y Alice, la esposa del amo, existía un secreto.

Todas las noches, después de que Sierra Vista se había acostado, ella se levantaba y dejaba entrar a Colmillo Blanco para que durmiera en el gran recibidor.

Ahora bien, Colmillo Blanco no era un perro faldero ni se le permitía dormir en la casa; así que todas las mañanas, temprano, ella bajaba discretamente y lo dejaba salir antes de que la familia se despertara.

En una de esas noches, mientras toda la casa dormía, Colmillo Blanco se despertó y se quedó muy quieto. Y muy quedamente olió el aire y leyó el mensaje que traía de la presencia de un dios extraño. Y a sus oídos llegaron los sonidos de los movimientos del dios extraño. Colmillo Blanco no prorrumpió en ningún grito furioso. No era su costumbre. El dios extraño caminaba con suavidad, pero con mayor

279