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nydus/White FangPublic
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I. Los creadores del fuego

Mujeres y niños seguían trayendo más varas y ramas hacia Casto Gris. Era evidentemente un asunto importante. Colmillo Blanco se acercó hasta tocar la rodilla de Casto Gris, tan curioso estaba y tan olvidado ya de que este era un hombre-animal terrible.

De repente vio una cosa extraña como neblina que empezaba a levantarse de las varas y el musgo bajo las manos de Casto Gris. Luego, entre las varas mismas, apareció una cosa viva, que se retorcía y giraba, de un color parecido al del sol en el cielo.

Colmillo Blanco no sabía nada acerca del fuego. Lo atraía del mismo modo que la luz en la boca de la cueva lo había atraído en su temprana etapa de cachorro. Avanzó arrastrándose los pocos pasos que lo separaban de la llama. Oyó a Casto Gris reírse entre dientes sobre él, y supo que aquel sonido no era hostil. Entonces su hocico tocó la llama, y en el mismo instante su pequeña lengua salió hacia ella.

Por un momento quedó paralizado. Lo desconocido, al acecho en medio de los palos y el musgo, lo agarraba salvajemente por la nariz. Retrocedió a gatas, estallando en una atónita explosión de aullidos.

Al oír el sonido, Kiche saltó gruñendo hasta el extremo de su estaca, y allí se enfureció terriblemente porque no podía acudir en su ayuda.

Pero Cast Gris se rio a carcajadas, se dio palmadas en los muslos y contó lo sucedido al resto del campamento, hasta que todo el mundo reía escandalosamente.

Pero Colmillo Blanco se sentó sobre sus cuartos traseros y aulló y aulló, una figura pequeña, desolada y lastimera en medio de los hombres-animales.

Era el peor dolor que jamás había conocido. Tanto la nariz como la lengua se las había abrasado el bicho vivo, de color de sol, que había crecido bajo las manos de Castor Gris.

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