un ataque por el flanco, y al mismo tiempo preparado para cualquier manifestación feroz de lo desconocido que pudiera abalanzarse sobre él desde el interior de la casa. Pero ninguna cosa temible se abalanzó sobre él, y una vez que hubo llegado al interior, exploró cuidadosamente los alrededores, mirándolo todo y comprobando que no había nada. Luego se tumbó con un gruñido de satisfacción a los pies del amo, observando todo lo que ocurría, siempre listo para ponerse en pie y luchar por su vida contra los terrores que sentía debían de acechar bajo el techo trampa de la vivienda.
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II. The Southland
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