como las alcanzadas por los hombres. Tenía un método para aceptar las cosas, sin cuestionar el porqué ni el porquién. En realidad, este era el acto de la clasificación. Jamás le inquietaba el porqué de las cosas. El cómo sucedían le bastaba. Así, cuando se hubo golpeado la nariz contra la pared del fondo un par de veces, aceptó que él no desaparecería a través de las paredes. Del mismo modo aceptó que su padre sí podía desaparecer a través de las paredes. Pero el deseo de averiguar la razón de la diferencia entre su padre y él no le alteraba lo más mínimo. La lógica y la física no formaban parte de su constitución mental.
Como la mayoría de las criaturas de la Salvajina, experimentó el hambre desde muy pronto.
Llegó un momento en el que no solo se acabó el suministro de carne, sino que la leche dejó de manar de los pechos de su madre.
Al principio, los cachorros gimieron y lloraron, pero la mayor parte del tiempo dormían. No tardaron en quedar reducidos a un coma de hambre.
No hubo más riñas ni disputas, ni más rabietas diminutas ni intentos de gruñir; al tiempo que las aventuras hacia la lejana pared blanca cesaron por completo.
Los cachorros dormían, mientras la vida que había en ellos se iba debilitando hasta apagarse.
One Eye was desperate. He ranged far and wide, and slept but little in the lair that had now become cheerless and miserable.
The she-wolf, too, left her litter and went out in search of meat. In the first days after the birth of the cubs, One Eye had journeyed several times back to the Indian camp and robbed the rabbit snares; but, with the melting of the snow and the opening of the streams, the Indian camp had moved away, and that source of supply was closed to him.