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nydus/White FangPublic
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I. La Batalla de los Colmillos

La Batalla de los Colmillos

Fue la loba la primera en captar el sonido de las voces humanas y el gemido de los perros de trineo; y fue la loba la primera en apartarse de un salto del hombre acorralado en su círculo de fuego moribundo.

La jauría había estado reacia a renunciar a la presa que había perseguido, y se demoró durante varios minutos, cerciorándose de los sonidos, y luego ella también, de un salto, se lanzó tras el rastro abierto por la loba.

A la cabeza de la jauría corría un gran lobo gris, uno de sus varios líderes. Era él quien dirigía el rumbo de la manada pisándole los talones a la loba. Era él quien gruñía a modo de advertencia a los miembros más jóvenes de la jauría o los atacaba con sus colmillos cuando intentaban adelantársele con ambición. Y era él quien aceleraba el paso al divisar a la loba, que ahora trotaba lentamente sobre la nieve.

Se colocó a su lado con naturalidad, como si fuera su puesto asignado, y adoptó el ritmo de la manada. Él no le gruñó ni le enseñó los dientes cuando algún salto de ella hizo que se pusiera por delante. Al contrario, parecía bien dispuesto hacia ella —demasiado bien dispuesto para el gusto de ella, pues tendía a correr muy cerca de su flanco, y cuando lo hacía en exceso era ella la que gruñía y le mostraba los dientes. Tampoco desdeñaba endosarle algún tajo seco en el hombro de vez en cuando. En tales ocasiones él no manifestaba enfado alguno. Simplemente se hacía a un lado y corría con rigidez durante unos cuantos saltos torpes, con el talante y el comportamiento de un zagal pueblerino y avergonzado.

Este era su único problema al correr con la manada; pero ella tenía otros problemas.

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