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nydus/White FangPublic
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IV. La llamada de la estirpe

Los días pasaban, derramando su ininterrumpido sol sobre el valle de Santa Clara.

Pero a medida que se hacían más cortos y se acercaba el segundo invierno de Colmillo Blanco en las tierras del Sur, hizo un extrañísimo descubrimiento. Los dientes de Collie ya no eran afilados. Había cierta picardía en sus mordiscos y una suavidad que impedía que realmente le hicieran daño.

Olvidó que ella le había hecho la vida imposible y, cuando ella retozaba a su alrededor, él respondía con solemnidad, esforzándose por ser juguetón y sin conseguir más que volverse ridículo.

Un día ella lo condujo a una larga persecución a través de los potreros traseros hasta adentrarse en el bosque. Era la tarde en que el amo iba a salir a caballo, y Colmillo Blanco lo sabía. El caballo estaba ensillado y esperando en la puerta. Colmillo Blanco dudó.

Pero había algo en él más profundo que toda la ley que había aprendido, que las costumbres que lo habían moldeado, que su amor por el amo, que la propia voluntad de vivir por sí mismo; y cuando, en el momento de su indecisión, Collie lo mordisqueó y salió huyendo a la carrera, él se dio la vuelta y la siguió.

El amo cabalgó solo aquel día; y en el bosque, codo con codo, Colmillo Blanco corrió junto a Collie, tal como su madre, Kiche, y el viejo Ojo Unico habían corrido muchos años atrás en el silencioso bosque del Norte.

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