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nydus/White FangPublic
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IV. El Muro del Mundo

en cuyo interior se había creído, saltó de pronto hacia atrás ante él a una distancia inmesurable. La luz se había vuelto dolorosamente brillante. Estaba deslumbrado por ella. Asimismo, se sentía mareado por esa abrupta y tremenda extensión del espacio. Automáticamente, sus ojos se fueron adaptando a la claridad, enfocándose para hacer frente a la mayor distancia de los objetos. Al principio, la pared se había escapado de su visión. Ahora la volvió a ver; pero había adquirido una lejanía notable. Además, su aspecto había cambiado. Ahora era una pared variopinta, compuesta por los árboles que bordeaban el arroyo, la montaña de enfrente que se alzaba sobre los árboles, y el cielo que superaba a la montaña.

Un gran miedo se apoderó de él. Esto era más de lo terrible desconocido.

Se agachó en el borde de la cueva y contempló el mundo. Tenía muchísimo miedo. Como era desconocido, le resultaba hostil.

Por eso se le erizó el pelo a lo largo del lomo y se le arrugaron débilmente los labios en un intento de gruñido feroz e intimidante.

Desde su pequeñez y su espanto desafió y amenazó a todo el ancho mundo.

No pasó nada. Siguió mirando y, en su interés, se olvidó de gruñir. Tampoco se acordó de tener miedo. Por el momento, el miedo había sido desplazado por el crecimiento, mientras que el crecimiento había adoptado la apariencia de la curiosidad. Comenzó a fijarse en los objetos cercanos: una parte despejada del arroyo que brillaba bajo el sol, el pino fulminado que se alzaba al pie de la pendiente y la pendiente misma, que ascendía hasta él y terminaba a dos pies del borde de la cueva en la que estaba agazapado.

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