trampa de Castor Gris en una época en que Castor Gris tambaleaba y vacilaba por el bosque, sentándose a descansar a menudo debido a la debilidad y a la falta de aliento.
Un día Colmillo Blanco se topó con un joven lobo, demacrado y esquelético, desgarbado a causa del hambre. De no haber estado él mismo hambriento, Colmillo Blanco habría podido irse con él y acabar encontrando el camino hacia la jauría entre sus hermanos salvajes. Tal como estaban las cosas, dio caza al joven lobo, lo mató y se lo comió.
La fortuna parecía favorecerlo. Siempre que se veía más apurado por falta de comida, encontraba algo que matar. De nuevo, cuando estaba débil, tuvo la suerte de que ninguno de los grandes animales depredadores se cruzara en su camino.
Así, estaba fuerte gracias a los dos días de comida que le había proporcionado un lince, cuando la hambrienta manada de lobos se le vinoencima a toda carrera. Fue una persecución larga y cruel, pero él estaba mejor nutrido que ellos y, al final, les sacó ventaja en la carrera. Y no solo les ganó en velocidad, sino que, dando un amplio rodeo para desandar su camino, atrapó a uno de sus exhaustos perseguidores.
Después de eso dejó aquella parte del país y viajó al valle donde había nacido.
Aquí, en la vieja guarida, se encontró con Kiche. Con sus viejos trucos de siempre, ella también había huido de los inhóspitos fuegos de los dioses y había regresado a su antiguo refugio para dar a luz a sus crías.
De esta camada solo quedaba uno vivo cuando Colmillo Blanco llegó a la escena, y este no estaba destinado a vivir mucho tiempo. La vida joven tenía pocas oportunidades en semejante hambruna.
El saludo que Kiche le dio a su hijo adulto no tuvo nada de cariñoso. Pero a Colmillo Blanco no le importó. Ya había superado la etapa de su