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nydus/White FangPublic
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La guarida

vida el puercoespín le había servido de comida. Pero hacía mucho que había aprendido que existía algo llamado Casualidad u Oportunidad, y siguió acercándose. Nunca se sabía lo que podía pasar, pues con las criaturas vivas los acontecimientos de algún modo siempre ocurrían de otra manera.

El puercoespín se arrolló formando una bola, irradiando largas y afiladas agujas en todas direcciones que desafiaban cualquier ataque.

En su juventud, Ojo Único se había acercado una vez a oler demasiado cerca de una bola de púas similar, Aparentemente inerte, y había sufrido el latigazo repentino de la cola en su cara. Se había llevado una púa clavada en el hocico, donde le había permanecido durante semanas, como una llama irritante, hasta que finalmente logró expulsarla.

Así que se tumbó, en una cómoda posición agazapada, con el hocico a más de treinta centímetros de distancia y fuera del alcance de la cola. Así esperó, manteniéndose perfectamente quieto.

Nunca se sabía. Algo podía suceder. El puercoespín podía desenrollarse. Podría presentarse la oportunidad de asestar un golpe rápido y desgarrador con la pata en el vientre tierno e indefenso.

Pero al cabo de media hora se levantó, le gruñó con ira a la bola inmóvil y siguió al trote.

Había esperado demasiado a menudo y en vano en el pasado a que los puercospines se desenrollaran, como para perder más tiempo. Continuó por la bifurcación derecha. El día transcurrió, y nada premió su cacería.

El apremio de su despertado instinto de paternidad era intenso en él. Tenía que encontrar carne. Por la tarde dio de bruces con una perdiz nival. Salió de un matorral y se encontró cara a cara con aquella torpe ave. Estaba sentada en un tronco, a

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