tomaba el otro extremo del palo y llevaba a Kiche cautiva detrás de él, y detrás de Kiche seguía Colmillo Blanco, muy perturbado y preocupado por esta nueva aventura en la que se había embarcado.
Bajaron por el valle del arroyo, mucho más allá de los dominios más lejanos de Colmillo Blanco, hasta llegar al final del valle, donde el arroyo desembocaba en el río Mackenzie. Aquí, donde las canoas estaban guardadas en alto sobre postes y donde se alzaban bastidores para secar pescado, se levantó el campamento; y Colmillo Blanco miraba con ojos atónitos. La superioridad de estos animales-hombres aumentaba a cada momento. Estaba su dominio sobre todos aquellos perros de afilados colmillos. Respiraba poder. Pero mayor que eso, para el cachorro de lobo, era su dominio sobre las cosas sin vida; su capacidad para comunicar movimiento a las cosas inmóviles; su capacidad para cambiar