Entonces le volvió sus nuevos hombros, y le dijo al otro: «Quiero que Buoso corra, reptando como yo lo he hecho, por este camino».
De este modo vi la séptima lastra mudarse y remudarse, y sea mi excusa la novedad, si en algo yerra mi pluma.
Y no obstante que mis ojos pudiesen estar algo turbados, y mi mente pasmada, no pudieron huir tan secretamente que no viera con claridad a Puccio Sciancato; y era él quien, de los tres compañeros que vinieron al principio, no había mudado; el otro era aquel por quien tú, Gaville, lloras.