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nydus/The Divine ComedyPublic
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Canto II

La eterna margarita nos recibió en su seno, a la manera que el agua recibe un rayo de luz, permaneciendo unida. Si yo era cuerpo (y aquí no se concibe cómo una dimensión sufre a otra, lo que conviene si cuerpo a cuerpo entra), más debiera encenderse el deseo de ver aquella esencia en la que se advierte cómo se unió Dios a nuestra naturaleza. Allí se verá lo que tenemos por fe, no demostrado, mas por sí conocido, a guisa del primer ver que el hombre cree. Yo repliqué: «Madonna, cuanto devotamente puedo doy gracias a Aquel que me apartó del mundo mortal. Mas dime qué son las manchas oscuras de este cuerpo, que abajo en la tierra hacen que la gente fabule sobre Caín». Ella sonrió un poco; y luego: «Si la opinión de los mortales yerra —dijo—, allí donde la llave del sentido no abre, ciertamente las flechas de la admiración no deben herirte ya, pues ves que la razón, siguiendo a los sentidos, tiene las alas cortas. Mas dime lo que tú piensas de ello». Y yo: «Lo que nos parece aquí arriba diverso, pienso que lo causan los cuerpos raros y densos». Y ella: «Verdaderamente verás sepultada tu creencia en el error, si bien escuchas la razón que te daré en contra. La octava esfera os muestra muchas luces, las cuales en calidad y en cantidad pueden notarse de aspecto diferente. Si esto fuera causado por lo raro y lo denso solamente, una sola virtud habría en todas, más o menos difundida, o por igual.

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