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nydus/The Divine ComedyPublic
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Canto IX

eternamente alegra los cielos con el canto de aquellos santos fuegos que de sus seis alas se hacen una capucha, ¿por qué no satisface mis anhelos? Ciertamente, no esperaría a tu pregunta si yo en ti estuviera como tú estás en mí». «El mayor de los valles donde el agua se explaya», comenzaron sus palabras de inmediato, «excepto ese mar que la tierra engalana, entre discordias de orillas contra el sol se extiende tanto, que hace meridiano allí donde solía hacer el horizonte. Yo fui habitante de la orilla de aquel valle entre el Ebro y el Magra, que con breve viaje aparta de los genoveses al toscano. Con la misma puesta y casi el mismo orto se sientan Buggia y la ciudad de donde fui, que calentó antaño el puerto con su sangre. Folco me llamó aquella gente a quien mi nombre fue conocido; y ahora este cielo se imprime en mí, como yo hice un día con él; pues nunca la hija de Belo ardió más, ofendiendo a Siqueo y a Creusa, de lo que yo, mientras convino a mis cabellos, ni aquella rodopea que engañada fue por Demofonte, ni tampoco Alcides cuando encerró a Yola en su corazón. Mas aquí no hay arrepentimiento, sino que sonreímos, no de la culpa, que no vuelve a la memoria, sino del poder que ordenó y previó. Aquí contemplamos el arte que adorna con tanto afecto, y descubrimos el bien por el cual el mundo de arriba vuelve al de abajo. Mas para que totalmente satisfecho puedas llevar tus deseos de aquí que en esta esfera nacen, proceder aún más adelante es necesario. Tú querrías saber quién está dentro de esta luz que aquí a mi lado así centellea, igual que un rayo de sol en agua límpida. Pues sabe que dentro descansa Rahab, y unida a nuestro orden, con ella en su supremo grado está sellada.

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