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nydus/The Divine ComedyPublic
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Canto XXIX

Discurso de Beatriz sobre la creación de los ángeles y la caída de Lucifer; reprensión de la ignorancia y la avaricia de los predicadores, y la venta de indulgencias.

A la hora en que ambos hijos de Latona, cubiertos por el Carnero y por la Balanza, forman de la llanura celeste una sola zona, tanto tiempo como el cenit los mantiene en fiel equilibrio, hasta que ambos de ese cinto, mudando de hemisferio, rompen la balanza, con el rostro pintado de una sonrisa, guardó silencio Beatriz, mientras miraba fija en el punto que a mí me había vencido. Luego empezó: «Digo, y no pregunto lo que deseas saber, que ya lo he visto donde confluye todo Cuándo y todo Ubi. No por adquirir un bien para sí, lo cual es imposible, sino para que su esplendor en su fulgor pudiera proclamar: Subsisto; en su eternidad fuera del tiempo, fuera de todo otro límite, como le plugo, en nuevos Amores se desplegó el Amor Eterno. Ni como si antes yaciese torpe; pues ni antes ni después procedió el discurrir de Dios sobre estas aguas. Materia y forma, unidas y puras, salieron al ser sin ningún defecto, como tres flechas de un arco de tres cuerdas. Y como en el vidrio, en el ámbar o en el cristal un rayo brilla de tal modo que desde su llegada hasta su pleno ser no hay intervalo, así desde su Señor el triforme efecto irradió hacia su ser todo junto, sin distinción de principio. El

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