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nydus/The Divine ComedyPublic
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Canto XXIX

no tiene tantos Lapi y Bindi como fábulas tales que cada año se pregonan desde el púlpito de un lado a otro, de modo que los corderos, que no saben, regresan del pasto alimentados de viento, y no ver el daño no los excusa. Cristo no dijo a sus primeros discípulos: “Id, y predicad al mundo paparruchas”, sino que les dio un cimiento verdadero; y este sonó tan fuerte desde sus labios que, en la lid para encender la Fe, hicieron del Evangelio escudos y lanzas. Ahora se sale con burlas y bufonadas a predicar, y con que la gente ría bien, la capucha se hincha y no se pide más. Pero en la cogulla anida tal pájaro que, si la gente común lo viera, reconocería en qué perdones confía; por lo cual ha crecido tanto en la tierra la locura que, sin prueba de ningún testimonio, a cualquier indulgencia acudirían en tropel. Con esto engorda san Antonio su cerdo, y muchos otros, que son peores que los cerdos, pagando con moneda sin cuño. Pero puesto que nos hemos explayado bastante, vuelve los ojos de inmediato al derecho camino, para que el trayecto se acorte con el tiempo. Esta naturaleza de tal modo se multiplica en número, que jamás hubo palabra ni fantasía mortal que llegue tan lejos. Y si reparas en lo que es revelado por Daniel, verás que en sus millares un número determinado se oculta. La luz primal, que a todo ello irradia, es recibida en él por tantos modos cuantos son los esplendores con que se junta. Por

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