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nydus/The Divine ComedyPublic
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Canto XXX

Y el hidrópico: «En eso dices verdad; pero no fuiste tan veraz testigo allí donde fuiste interrogado por la verdad en Troya». «Si yo hablé falso, tú falsificaste la moneda», dijo Sinón; «y por una falta estoy aquí, y tú por más que cualquier otro demonio». «Acuérdate, perjuro, del caballo», replicó el que tenía el vientre hinchado, «y pese te sea que todo el mundo lo sepa». «Pese te sea la sed con que se raja tu lengua», dijo el griego, «y el agua podrida que así cerca tu panza ante tus ojos». Entonces el falsario: «Así abierta está tu boca para hablar mal, como de costumbre; porque si yo tengo sed y los humores me colman, tú tienes la fiebre y te duele la cabeza, y para lamer el espejo de Narciso no te harían falta muchas palabras que te invitaran».

En escucharlos yo estaba por entero absorto, cuando el Maestro me dijo: «Ahora mira bien, que poco falta para que me enoje contigo». Cuando lo oí hablarme con enojo, me volví hacia él con tal vergüenza que aún hoy me revuelca en la memoria. Y como aquel que sueña su propio daño, que soñando desea que sea un sueño, de modo que anhela lo que es, como si no fuera; tal me volví yo, sin poder hablar, pues disculparme quise, y aún me disculpaba, y no creía hacerlo. «Menor vergüenza lava una falta mayor», dijo el Maestro, «que esta tuya ha sido; por tanto, despojate de toda tristeza, y ten por cuenta que estoy siempre a tu lado, si alguna vez ocurre que la fortuna te lleve donde haya gente

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