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nydus/The Divine ComedyPublic
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Canto XXI

«Nada hay —comenzó—, que sin orden pueda afectar la religión del monte, ni nada que sea ajeno a su costumbre. Libre está aquí de toda mudanza; lo que de sí el cielo en sí recibe puede ser causa de esto, y nada más; porque ni lluvia, ni granizo, ni nieve, ni rocío, ni escarcha caen más arriba que la corta escalerilla de tres peldaños. No aparecen nubes densas ni raras, ni relámpagos, ni la hija de Taumas, que en la tierra suele mudar de región; ningún vapor árido sube más allá de la cima de los tres peldaños de que hablé, donde el Vicario de Pedro tiene los pies. Más abajo quizás tiembla más o menos, mas, por el viento que en la tierra se oculta no sé cómo, aquí arriba jamás tembló. Tiembla aquí siempre que un alma se siente pura, de modo que se eleva, o se mueve para subir, y tal clamor la acompaña. De la pureza solo la voluntad da prueba, la cual, siendo totalmente libre de cambiar de morada, sorprende al alma y la ayuda a volar. Primero quiere el bien; pero el deseo no lo permite, el cual la justicia divina, con esa misma voluntad que hubo de pecar, pone sobre el tormento. Y yo, que he estado padeciendo este dolor quinientos años y más, acabo de sentir una libre voluntad para un mejor asiento. Por eso oíste el temblor, y a los piadosos espíritus por el monte alabando al Señor, para que pronto los apresure hacia arriba».

Así le dijo él; y puesto que gozamos tanto en beber como es grande la sed, no podría decir cuánto bien me hizo.

Y el sabio Guía:

«Ahora veo la red que aquí os atrapa y cómo sois libres, por qué tiembla la tierra y por qué os regocijáis. Ahora dígnate hacer que sepa quién fuiste; y por qué tantos siglos aquí has estado yacente, déjame deducir de tus palabras».

“En días en que el buen Tito, con la ayuda del Rey supremo, vengó las heridas por donde manó la sangre que Judas vendiera, bajo el nombre que más perdura y honra, estaba yo en la tierra”, respondió aquel

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