«Maestro —comencé—, lo que veo que se mueve hacia nosotros no me parece de personas, y lo que no sé, tanto en mi vista vacilo».
Y él a mí: «La grave condición de este su tormento los dobla tanto hacia la tierra, que mis propios ojos al principio contendieron con ello; pero mira fijamente allí, y descifra con la vista lo que viene bajo esas piedras; ya puedes ver cómo cada uno es castigado».
¡Oh cristianos soberbios! ¡miserables cansados!, que, en la visión de la mente endeble, tenéis confianza en vuestros pasos reincidentes, ¿no comprendéis que somos gusanos, nacidos para engendrar la mariposa angélica que vuela al juicio sin mampara?
¿Por qué flota en alto vuestro espíritu en el aire? ¡Sois semejantes a los insectos sin desarrollar, igual que el gusano en quien la formación falla!
Como para sustentar cielo o techumbre, en vez de ménsula, a menudo una figura se ve que une sus rodillas a su pecho, la cual de lo irreal una real angustia hace nacer en quien la mira; labrados así vi yo a aquellos, cuando hube bien reparado.
- Cierto es que estaban más o menos doblegados,
- según tenían más o menos carga;
- y aquel que mayor paciencia mostraba en el rostro
- llorando parecía decir: «¡No puedo más!».