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nydus/The Divine ComedyPublic
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Canto II

tiene los círculos menores, tan grato me es tu mandato que obedecer, si ya estuviera hecho, sería tarde; no necesitas abrirme más tu deseo. Mas dime la causa por la que no evitas descender aquí al centro, desde el vasto lugar a donde ardes por volver».

«Ya que deseas tan a fondo enterarte, te contaré brevemente —me respondió ella—, por qué no temo entrar aquí.

Tan solo de aquellas cosas debe uno temer que tienen el poder de hacer daño a los otros; de las demás, no; porque no son temibles.

Dios en su misericordia me ha creado tal que vuestra miseria no me alcanza, ni me asalta llama alguna de este incendio.

Una Dama gentil hay en el Cielo, que se duele de este impedimento al que te envío, de modo que el severo juicio de allá arriba se quebranta.

Con su ruego suplicó a Lucía, y dijo: “Tu fiel servidor tiene ahora necesidad de ti, y a ti te lo recomiendo”.

Lucía, enemiga de todo lo cruel, se apresuró y vino al lugar donde yo estaba sentada con la antigua Raquel.

“Beatriz —dijo ella—, la verdadera alabanza de Dios, ¿por qué no socorres a quien tanto te amó, que por ti salió de la vulgar muchedumbre?

¿No oyes la piedad de su lamento? ¿No ves la muerte que lo combate junto a ese torrente donde el mar no se jacta?”

Jamás hubo personas en el mundo tan veloces para obrar su bien y escapar de su mal, como yo, tras haber sido pronunciadas tales palabras,

vine aquí abajo desde mi asiento bienaventurado, confiando en tu digno discurso, que te honra a ti y a cuantos lo han escuchado».

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