«Ese fue el duro freno Que debe mantener al hombre dentro de sus límites; Pero vosotros tragáis el anzuelo de tal modo Que el anzuelo del viejo Adversario os atrae hacia él, Y de poco sirve entonces freno o llamada. Los cielos os llaman y giran a vuestro alrededor, Mostrándoos sus bellezas eternas, Y vuestros ojos siguen mirando al suelo; De ahí que Aquel que todo lo discierne os castigue».
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Canto XIV
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