desveles tu rostro ante él, para que discierna la segunda belleza que ocultas”. ¡Oh esplendor de la luz viva eterna! ¿Quién bajo la sombra del Parnaso se ha vuelto tan pálido, o ha bebido tanto en su cisterna, que no parezca tener la mente abrumada esforzándose en pintarte como aparecías donde el armonioso cielo te ensombraba, cuando en el aire libre te desvelaste?
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Canto XXXI
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