El quinto cielo, o el de Marte, donde se ven las almas de los mártires y de los cruzados que murieron combatiendo por la verdadera fe: La Cruz Celestial.
De centro a borde, y de borde a centro, en un vaso redondo el agua se mueve, según sea golpeada por fuera o por dentro. Cayó de súbito en mi mente lo que voy diciendo, en el preciso instante en que la gloriosa vida de Tomás calló, a causa de la semejanza que nació de su discurso y el de Beatriz, quien, tras él, se dignó hablar así: «Este hombre tiene necesidad (y no os lo dice, ni con la voz, ni siquiera en su pensamiento) de llegar a la raíz de una verdad más. Declaradle si la luz con que florece vuestra sustancia permanecerá con vosotros eternamente tal como es ahora; y si permanece, decid de qué manera, después de que volváis a ser visibles, podrá ser que no dañe vuestra vista». Como por mayor alegría impulsados y atraídos quienes danzan en corro a veces alzan la voz y apresuran los movimientos; así, ante aquella súplica devota y pronta, los santos círculos mostraron una nueva alegría en su girar y en su maravilloso canto. Quien se lamenta de que aquí muramos para vivir allá arriba, no ha visto jamás allí el refrigerio de la lluvia eterna. El Uno y Dos y Tres que vive eternamente, y reina siempre en Tres y Dos y Uno, no circunscrito y circunscrito a todo, tres veces fue cantado por cada uno de aquellos espíritus con tal melodía que sería justo galardón por cualquier mérito; y en el brillo más divino de todos del círculo menor, oí una voz modesta, tal vez como la del Ángel a María, que respondía: